
“En el Monasterio de Rila está el corazón de Bulgaria”
El viajero y escritor español Francisco López-Seivane es un buen amigo de Bulgaria. Su libro “Cosas que aprendí de Oriente” (Oberon), una especie de manual sobre la sabiduría oriental y el desarrollo espiritual, también ha sido publicado en el idioma búlgaro
¿Cuál es tu relación con Bulgaria?
Como cualquier relación, se nutre del conocimiento y el afecto. Me gusta Bulgaria que comencé a conocer en 2003. Siento cariño por su gente y su increíble naturaleza. Hasta ahora he visitado el país tres veces y casi siempre me escapo al Monasterio de Rila. Siento que los búlgaros también adoran la montaña Rila y el monasterio. Tengo la sensación de que el corazón de Bulgaria está allí. Me gustan Plovdiv, Veliko Tarnovo, los centros turísticos de invierno, la gastronomía, las mujeres… Admiro a la mujer búlgara, ella es no sólo bella, sino también espiritual, inteligente, emocional, sensible. Las mujeres búlgaras no están acostumbradas a cumplidos tan abiertos. En este país descubrí el maravilloso sabor del vino de Melnik, aprendí muchas palabras relacionadas con la comida: “chushki” (pimientos), “Shopska salata” (tipo de ensalada), “Snezhanka” (ensalada de yogurt griego), “rakiya” (aguardiente)…
¿Definirías las similitudes y diferencias entre españoles y búlgaros?
Sería muy atrevido hacerlo. Somos pueblos tan diferentes, distantes desde el punto de vista histórico, cultural, lingüístico. Y, sin embargo, tal vez somos similares en nuestro sentido de la familia como valor, nos vincula nuestro amor por la buena mesa y las conversaciones en torno a ella, por el vino. Definiría mi encuentro con Bulgaria como un encuentro con la cultura del vino. Eso nos conecta. Búlgaros, españoles, italianos, tenemos en común que nos gusta compartir la comida y el vino, divertirnos. Somos distintos a la cultura cervecera como definiría otras naciones. También nos une la personalidad de Simeón de Sajonia-Coburgo y Gotha, tenemos en común nuestro sentimiento religioso, independientemente de que nosotros seamos católicos y vosotros ortodoxos. Y si indagamos más, podemos encontrar más similitudes…
La presentación de tu libro “Cosas que aprendí de Oriente” en Sofía hace tiempo se convirtió en un verdadero acontecimiento para todos los lectores ávidos de literatura espiritual y de autoconocimiento. ¿Cuáles son tus impresiones de este encuentro con el público?
Sí, la presentación de mi libro en el Instituto Cervantes fue acogida con gran interés por parte de los medios y del público. Desafortunadamente, la barrera idiomática me impidió conversar más de cerca con la gente. También impartí dos conferencias, una en la Universidad de Sofía y la otra, en la Nueva Universidad Búlgara. Hubo traducción simultánea y pude sentir más las inquietudes de mis oyentes. Tuvimos una conversación interesante, el tema del amor incluso se convirtió en un debate. Efectivamente, en Bulgaria hay un interés especial por la literatura espiritual.
En tu libro compartes el conocimiento de las antiguas filosofías orientales adquirido durante tus viajes. ¿Cuáles son las tres cosas más importantes que aprendiste de Oriente?
Aprendí que ante todo es importante cooperar, no competir. Aprendí que solo estamos aquí en la tierra por un corto tiempo y no debemos aferrarnos a las cosas que nos rodean. Debemos poner nuestros esfuerzos en acumular conocimiento, no posesiones. En Occidente, tenemos una idea equivocada: perseguimos el placer, pero creemos que perseguimos la felicidad. Perseguimos la inmortalidad de nuestro cuerpo y creemos que perseguimos la inmortalidad del espíritu. Nos atragantamos con la información, pero creemos que estamos ganando conocimiento.
Como viajero que ya ha dejado de contar los países visitados cuando su número alcanzó los 100, ¿qué consejos le darías a la gente que viaja?
Para mí, el viaje como meta no es emocionante. Valoro el viaje como un medio, como parte de la aventura del descubrimiento. ¡Esto me emociona! No tanto el desplazamiento geográfico, sino lo que veo y descubro. Recomiendo que viajemos con amor y comprensión hacia el mundo que encontramos en el lugar nuevo y desconocido. Dejar atrás nuestros prejuicios, nuestros hábitos, sumergirnos en el ambiente que vemos. Soy partidario de las “vacaciones inteligentes”. Así llamo a mi proyecto que lleva ya más de 50 años de vida en España. Se trata de vacaciones que nos ayudan a descubrirnos a nosotros mismos. Además de la playa y la relajación habituales, incluyo meditación, yoga, masajes tailandeses, baile. Fui el primer español en practicar activamente yoga, lo aprendí durante uno de mis viajes a la India.
Y cuál es el lugar mágico del mundo donde te gusta volver?
Esta es mi esencia. Dondequiera que vaya, cierro los ojos y me encuentro a mí mismo. Siempre llevo conmigo el lugar mágico que es mi yo interior. Y nunca me arriesgo a pagar exceso de equipaje por él.
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