
Julia Kristeva: una europea muy convencida que sigue creyendo en el humanismo
“Hoy tenemos el potencial, la memoria cultural y la capacidad para ir superando las crisis a través de las humanidades. La democracia no es sólo un sistema político, sino también la totalidad de la memoria cultural y la investigación científica. En ese sentido, creo que sin Europa se produciría el caos en el mundo”, dice Julia Kristeva. Me reúno para una entrevista con la intelectual búlgaro-francesa más célebre en el mundo en el Institut Francais de Madrid.
Nacida en 1941 en Sliven, Bulgaria, Julia Kristeva se graduó en filología francesa en la Universidad de Sofía y en 1966 se fue a Francia con una beca de estudio del gobierno francés. Allí pasó a formar parte de los principales círculos filosóficos y literarios. Se unió al grupo filosófico Tel Quel y se casó con su líder, el escritor Philip Sollers. Completó doctorados en semiología y lingüística. Kristeva es profesora de la Universidad de París “Denis Diderot” y tiene una práctica privada como psicoanalista. Doctora honoris causa de muchas universidades del mundo, es autora de un gran número de obras científicas y literarias. En 1997 recibió la Orden de la Legión de Honor de Francia. En 2004, fue galardonada con el Premio Holberg, considerado el Premio Nobel en el campo de las humanidades. Desde hace varias décadas Julia Kristeva está considerada una de las intelectuales europeas y mundiales más famosas y socialmente comprometidas.
“Los ensayos de Julia Kristeva inspiran a científicos de todo el mundo en el campo de las humanidades y las ciencias sociales. Ha tenido una gran influencia en el desarrollo de la teoría feminista desde la década de 1980 hasta hoy”, comentaron desde Moderna Museet en Estocolmo, cuando hace unos años organizó una reunión del “Círculo Kristeva”, más de sesenta de sus seguidores e investigadores de su trabajo de trece países.
Al comienzo de nuestra conversación en Madrid, le pido a Julia Kristeva que se presente muy brevemente. “Una persona enigmática de origen búlgaro, con nacionalidad francesa, adoptada por América, una europea convencida cuyo lema es Yo viajo”, responde ella. “Ser extranjero te da la oportunidad de pensar en el otro y cuando no perteneces a un lugar en particular, eso te hace verdaderamente libre”, dice. La situación económica y psicológica del extranjero puede ser difícil, pero al mismo tiempo puede convertirse en motivo de gran felicidad. “Depende del extranjero, así como de la mirada hacia él. Por eso es tan importante que la nueva generación se eduque en la universalidad del destino del extranjero, este destino será cada vez más habitual”.
Le pregunto qué piensa sobre la opinión bastante frecuente de que las sociedades multiculturales han fracasado. Según ella, aún no hemos logrado conocer e interpretar las religiones y crear puentes entre los diferentes sistemas religiosos y culturales. “Éste es un fracaso del humanismo que necesita ser reexaminado y renovado. Pero no creo que se deba detener el multiculturalismo. Tenemos todos los medios para que éste se desarrolle”.
En la búsqueda de la felicidad o “paz mental”, Julia Kristeva señala como elemento muy importante tanto la psique personal, como nuestras relaciones con los demás. Encuentra que hay nuevas formas de manejar esta sutil relación entre las personas en el psicoanálisis, las artes y el diálogo.
En cuanto a los sentimientos cada vez más polarizados entre el pesimismo y el optimismo sobre el futuro, Julia se define como una “pesimista enérgica” que cree que hay que hacer algo, incluso cuando a primera vista no se puede hacer nada. Como ejemplo, pone su encuentro con el Ministro de Salud de Francia después de que el entonces presidente francés, Jacques Chirac, la nombrara presidenta del Consejo Nacional de personas con discapacidades. El ministro le dijo que no se podía hacer nada por las personas con ciertas discapacidades en el sentido de que si una persona es sorda o ciega, no es una enfermedad que desaparece. Ella lo escuchó y le responde con una de sus frases favoritas: Bien, entonces, ¿qué hacemos?
“Incluso si la vista de una persona no se puede recuperar, siempre se le puede ayudar a sentirse mejor, a tener una vida mejor. Por un lado, constantemente hay nuevos avances en la ciencia que eliminan algunas discapacidades. Ciertamente es posible influir en la forma en que las personas con discapacidad son vistas en la sociedad y así cambiar la actitud hacia ellas. Si lo logramos, muchos seres humanos estarán un poco más cerca de la felicidad”, dice Julia Kristeva. (Foto: John Foley/www.kristeva.fr)
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